7 oct. 2013

Días Distintos.

Son días que te levantás distinto. Preparás el desayuno de forma automática, con poco empeño, como si eso hiciera correr mas rápido el día. Desayunás pasando rápido las hojas del diario. Tu mujer te habla, los chicos te hablan...contestás lacónicamente, estás ahí, pero no, no estas ahí, tu cabeza está en otro lado.

El almuerzo es un trámite inevitable que queda ahí, a la altura del pecho, no se va a bajar en todo el día, la tarde se hace larguísima, uno duda entre la siesta, mirar fútbol de afuera, jugar un jueguito, cualquier cosa que mate el tiempo, que calme la ansiedad, pero no, nada de eso mata el tiempo ni calma la ansiedad. 

Pensás como los vas a cargar, la cara que van a poner, enseguida, por cábala, te sacás la idea de la cabeza, el partido hay que jugarlo. Pero vuelve la idea, tenés mil jodas en la cabeza y hay que esperar mucho para dejarlas salir, que empiece, que termine, si ya sabemos, nosotros y ellos, como va a salir y la cabeza juega entre el termo y la cautela. Aparte, lo sabemos, no somos grandes, somos gigantes y enfrente tenemos a ellos, pero también e los demás, que ven relegadas su ínfima alegría a la ilusión de que alguna vez, por fin, nos toque la mala a nosotros.

Zapping, todo se transforma en augurio, de los buenos y de los otros. Si en el sorteo de las camisetas en un canal de noticias una está arriba de la otra, si en los noticieros pasan goles cuantos son nuestros y cuantos de ellos, si hay un canal que pasa viejos clásicos hay que cambiar de canal cuando pasan el que perdemos, todo sirve, todo condiciona, todo predispone, traquiliza o exacerba. Convengamos que hace mucho no nos ganan (hay un año en el que no tenemos mérito alguno) y que perder con un equipo que no tiene 2 años en primera, puede desatar una crisis.

Querés que pase, que ya sea la noche, que ya todo haya terminado. Sabes que el tiempo es una convención caprichosa y que a veces 90 minutos son una eternidad insoportable. Querés cargarlos o que te carguen, pero volver a tener oxígeno en la sangre, que se te vaya esa sensación de infarto constante, necesitás que las uñas se regeneren en un par de minutos, para volver a empezar a morderlas.

Repasás la formación, aún no confirmada. Te tranquiliza. Hay caudillos, hay líderes, hay hinchas. Rogás que no haya sorpresas. Mirás la de ellos, nada de eso. Sabés que el bocón otra vez habló de mas, le pasa siempre. Repasás la semana, pasó hasta lo insólito, paperas. También se nos desgarró el mejor de la defensa al minuto del partido anterior y hay que echar mano a tipos no que sabemos que no están sanos. Pero ESTO ES BOCA, y si la mano viene fulera, no se por qué, ganamos confianza, porque con ellos, cuanto mas torcida viene la cosa es que mejor puede terminar todo.

Los antecedentes en los clásicos no sirven para nada, pero no podemos ir a la cancha, nos lo prohíben, como en 2004, y el antecedente es inevitable, si ya los dejamos mudos una vez pateando penales con dos pibes...por qué no puede pasar lo mismo? el antecedente no vale, pero a ellos su gente les pesa, los pone nerviosos, son la -1, un lastre infernal.

Y llega la hora y arrancamos mal, no la agarramos, Erbes está en media pierna, Roman esta lento, a Gago lo tienen tomado, Mendez pierde la espalda, al pibito Zárate le duele la gamba, al Cata le duele el alma y está dando hasta lo que no puede, Miño está frío...pero en eso pasa lo que tiene que pasar, Román mete un amague de derecha, mueve la defensa, la abre de zurda y Martínez desborda al insólito lateral izquierdo de riber, centro atrás, se duerme una siesta el traidor a la bandera de maidana, anticipa Gigliotti y a cobrar.

Algún sesudo seguirá analizando...yo me quedo con la defensa heroica, con Mendez encontrando el puesto, con el Cata postergando su dolor, para cuando llegue a su casa, con los suyos, con Perez, que parece que a riber lo tiene de tataranieto, con Zárate que habrá pasado la noche dolorido, pero la mas feliz de su carrera, con el liderazgo adentro y afuera de Román y Gago, me quedo con Erbes, metiendo oficio donde no ya no había físico, con Martínez que no se le cayó ningún anillo por hacer de doble 4, Sanchez Miño, que con poquito metió un centro gol que solo la suerte torcida estrelló en el palo, Gigliotti, trabando de cabeza, con los pibitos que entraron a jugarse la vida y con un Orión gigante, impasable, manejador de tiempos, de climas, de estados de ánimo. Sacó la última, la del refuerzo estrella que el técnico de ellos pidió como si fuera Messi y ni siquiera le hace caso en donde pararse. 

Todo lo demás es para los cagatintas, de chiquito me enseñaron que los clásicos se ganan, como las copas, no hay puntos al merecedor, después, ellos, que la cuenten como quieran, así les va. Y una cosa, riber por favor te pido que nos digas, de una vez por todas, QUE SE SIENTE.

P.D.: en casa se cenó pizza.

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